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lunes, 13 de julio de 2015

“El detective llegó un martes…”






Cuento.-
Guilo Guzmán 

"El detective llegó un martes..." hasta la comuna Los Ángeles.  Iba acompañado de otro uniformado y un amigo estudiante de periodismo de la ciudad puerto. La visita no prometía mayores éxitos que las anteriores. Había pasado un mes desde la denuncia inicial y varias pericias legales se habían desarrollado, pero ningunas de ellas habían podido determinar la procedencia de los maleantes, ni la forma de operar.

Se conocía del reporte de la denuncia, que en la en la finca que lleva por nombre Niña Narcisa de propiedad del Sr. Pedro Pozo  se habían sustraído varias cabezas de ganado, lo extraño del caso es que en el sitio no se encontró rastros de la violación a la propiedad privada, pues la cerca alambrada con púas permanecía incólume, sin indicios claros del como, ni del cuando, habían salido las cabezas de ganado de las propiedades del hoy denunciante.

De la denuncia y la posterior investigación.

Don Pedro llegó una mañana como de costumbre hasta el sitio conocido como la Celestina a 60 minutos de la cabecera cantonal  San Isidro y observó con desconcierto que del ganado faltaban varios ejemplares.

La primera diligencia que se le ocurrió realizar fue la de informar a sus compañeros en la asociación de ganaderos de la zona, como es común de la gente sencilla se solidarizaron inmediatamente con sus problemas y luego, ellos mismos lo acompañaron a presentar denuncia verbal. En la impronta de la denuncia consta una mancha de tinta color azul con la huella digital de Pedro Pozo. 

Por esas cosas tan comunes por estos sitios, el afectado sólo conocía de las ciencias del campo. Tierra y animales era palabras de su lenguaje.

Con su natural forma de hablar, de hombre de campo, expuso su problema a varios detectives, quienes después de escuchar con divertimiento todo el relato del denunciante lo enviaban a continuar explicando sus razones en el siguiente escritorio de la delegación policial.

 Fue así que después de su atribulada visita al aparataje burocrático policial, por fin dio con el gendarme adecuado para presentar denuncia y posterior levantamiento del acta. 

De cómo se resolvió esta historia y el culpable del delito.

Se conoce que el buen periodismo tiene mucho de artesanal, es decir habilidad y paciencia. El compañero del gendarme, era periodista en formación como ya hemos dicho. En su juventud fue fanático de las historias de Conan Doyle, y siempre había soñado resolver un caso con la pericia de su héroe literario.

En ése martes, afrontaron la dureza del camino. Por lo lejano del sitio, sólo podían llegar a caballo, pero la lluvia había sido frecuente por esos sitios, lo que había devenido en que el camino fuera un verdadero lodazal, donde los equinos hacía maniobras para no caer. 

Si la lluvia complicó el trayecto, fue una fortuna para resolver el caso, la aciaga situación permitiría que los detectives y el estudiante encontraran rastros frescos del ganado sustraído la noche anterior, en el sitio había huellas de profunda pisada que eran imposibles que las realizara un humano por más grande y fuerte que pudiera ser. 

En un inicio el imaginario montubio determinó de forma arbitraria que podía ser  el Tin Tín (personaje mitológico que según cuenta la leyenda tiene los pies torcidos hacia atrás) pero la incredulidad lógica del estudiante conjeturó que el ganado había salido por la puerta principal, cosa que causó hilaridad en un inicio, luego el explicó su teoría.  El ganado había salido con el permiso de alguien cercano a la casa de hacienda, las huellas de botas procedían de las patas de los animales a los cuales se habían atado fuertemente a los cascos; luego serían conducidos por tierra hasta el lugar donde se encontraba el vehículo y sacadas del sito para ser vendidas en otros pueblos.

El rumor de abigeo había llegado a otros pueblos, un hombre joven de quien hoy sabemos era vaquero de la hacienda, había vendido una de las reces con la impronta en su lomo de las sigals PP las cuales coincidían con los nombres del denunciante. Acostado en una hamaca fue encontrado el joven vaquero y denunciado como cómplice de abigeo, la noticia fue conocida por la prensa roja como el caso de las vacas con botas.

Nota al margén: La propuesta de escribir éste cuento proviene de la invitación abierta de la página #megustaescribir realizada el mes de junio 2015. La invitación empezaba con la frase generadora de idea "El detective llegó un martes..."